Con
imprecisiones fuera de lo común los tableros crecían y se
direccionaban hacia La Felíz, pero no tardaban los dirigidos
por Travnik en enderezar la barca y posicionarse por encima en
el marcador. Esta situación no duraba mucho y nuevamente
Quilmes tomaba las riendas de match.
La
irregularidad fue lo constante en esta primera parte. Obras no
manejaba bien la pelota, parecía relajado. Sin embargo el corazón
estaba en cancha y los rebotes eran tomados una y otra vez por
Alloatti, quien no podía direccionar bien el balón para
concretar la jugada y llenar los tableros. Con una defensa
pasiva y la mira torcida el partido se hacía más difícil aún.
Chispazos
de Fernández en la zona pintada no alcanzaban para opacar la
buena noche de los dirigidos por De La Fuente, a quienes le salían
todas. Apretados contra el reloj intentaban tiros de muy baja
efectividad y entraban como si fuese algo cotidiano. Claro, esto
desmoralizaba a la escuadra tachera.
Faltando
instantes para el cierre de la primera parte, la puntería
marplatense cesó. Un par de robos y aciertos de Spillers
dejaban a Obras a tiro de su rival.
Bajo
este contexto y con la idea fija de recuperar la precisión se
fueron al descanso 34-41.
Las
intenciones de mejorar, al comienzo de la segunda etapa, se veían
plasmadas en el campo. Alloatti conseguía rebotes ofensivos
pero la suerte seguía de descanso y la naranja nunca entraba.
Aprovechando
a Spillers bajo el canasto frente a Stukes
se conseguían puntos fáciles, pero no se cuidaba lo
suficiente la retaguardia, ya que ambos americanos eran los que
conseguían anotar. Así fue como creció de sobremanera la
figura del Levi Jamal Stukes. De tres, de dos, en penetración,
anotaba puntos sin que los carteros puedan frenarlo.
Faltando
cinco minutos para el cierre de los terceros 10’, Obras se puso
dos puntos arriba y ajustó las marcas. Lábaque ingresó para
controlar al reo Stokes y por momentos lo lograba sin mayores
dificultades. Había rebote, tiro y defensa. Obras recuperaba la
memoria y la victoria ya no era una utopía.
A
seis minutos del final se produjo un punto de quiebre que sacó
del partido al 24, quien recibió una fuerte falta y nunca pudo
serenarse para coronar una buena noche. Se apagó Spillers.
Ya
en el cierre, la puntería se quedó, como en toda la noche, en
Mar del Plata y más allá de las ganas, la imprecisión siguió
y nunca se pudo remontar el marcador. 101 a 91 quedó
inmortalizado el resultado. Esta vez no se dio.